.
He conocido demasiadas últimamente.
Las siento caer. Unas veces rápidamente, impacientes por disfrutar de su libertad. Otras lentas, como explorando un exterior que no conocen.
Van a parar al suelo, a la manga de mi camisa, a mi almohada,… O al papel en el que escribo.
Y allí esparcen todo el dolor, rabia, frustración, incertidumbre, temor,… Todo lo que llevan dentro. Es increíble como en algo tan pequeño como una lágrima pueden caber tantas emociones.
Pero a veces asoman otras, tímidas, que no saben del todo bien qué hacen ahí.
Éstas son distintas. No llevan oscuridad, sino que contienen alegría, emoción, júbilo, cariño…
Supongo que no puedo querer sólo a éstas últimas, aunque me gustaría.
Porque sino todo lo que cargan las lágrimas oscuras se quedaría dentro y buscaría otro lugar para salir. Y cada una tomaría un camino distinto de forma que, dispersas todas ellas por mi cuerpo, acabasen por impregnar cada uno de los poros de mi piel.
No, no creo que eso sea bueno.
Prefiero dejarlas salir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Escribe aquí lo que sientes.