.
Si tuviésemos
una banda sonora todo sería más sencillo.
Sabríamos
que si hay un redoble de tambores algo importante está por suceder.
No
tendríamos que ponernos canciones deprimentes para acompañar los momentos de
tristeza, porque ya estarían ahí. Además así la gente sabría lo que de verdad
sientes, y no tendría lógica intentar parecer fuerte, fingir esa alegría que
tanto duele por no ser de verdad.
Los
peores momentos estarían precedidos de una inquietante música que nos pondría
sobre aviso.
Los días
alegres serían aún más alegres por estar acompañados de hermosas melodías.
Y en las
situaciones de verdadero enfado, un atronador sonido de timbales demostraría lo
enojados que podemos llegar a sentirnos cuando traicionan nuestra confianza.
Podríamos
saber que todo ha terminado con solo oír esa música deprimente mientras ves
como se acerca quien pensabas que siempre estaría ahí. Y al saberlo dejaríamos
de autoconvencernos de que todo va bien, porque nada va bien.
También
podríamos expresar todo el amor por aquellas personas tan importantes en
nuestra vida, con una de esas melodías que hacen que se nos salten las lágrimas.
Nuestro
mundo estaría en armonía con nuestro estado de ánimo.
Todo
eso y más podría suceder si nuestra vida tuviese su propia banda sonora.
.