viernes, 29 de abril de 2011

Tan guapo que duele...

.

Para mí hay personas que llegan a ser tan guapas que duele.
Y, ¿qué significa exactamente eso?
Pues es muy sencillo.

Sucede cuando alguien te gusta. Te gusta tanto…
Te llena. Y no eres capaz de dejar de imaginar todo lo que podríais hacer juntos. Todos los momentos de felicidad por disfrutar. Tantos planes, tantas sonrisas, tanto amor por dar…
Pero es tan guapo que seguramente podrá estar con muchas otras. Así que, ¿por qué ibas a ser tú? Y si llegases a serlo, ¿por cuánto tiempo?

Y eso duele.
Le miras.
Lo vuelves a pensar todo.
Duele.
Pero no puedes dejar de mirarlo.
Ni de pensar.
Ni de sufrir.

Así que, o te obligas a resignarte y ni si quiera intentarlo, para así sufrir lo menos posible, o te arriesgas a que duela, mucho.
 
Porque quién sabe… puede que por una vez salga bien.






.

lunes, 25 de abril de 2011

Me pierde...

.
Vuelvo a mirar a mi alrededor. Parece que hoy no ha venido. Estúpido. Bajo la vista de nuevo intentando concentrarme. El aire acondicionado me roza la nuca. Sí, a lo mejor derivando aquí... Nada, que no está. A ver si he mirado mal… ¡Mierda de ejercicio! Si siempre llega a esta hora... Paso, este problema no me sale. Tengo sed. Intento abrir la botella pero me cuesta. Vaya, la misma broma de todos los jueves. Por fin lo consigo y bebo. Que amigos más ingeniosos tengo…  Despego los labios de la botella, mojados. Y entra. Odio como me encanta. No me ve. Podrían bajar el aire, que escalofrío. Se dirige hacia dos sitios vacíos. Gilipollas. Deja sus cosas. Me arreglo el pelo. ¡Bien, me ha visto! Sonríe. Sonrío. Recoge sus cosas y se acerca. Es asquerosamente atractivo. Paso tras paso, viene… Imbécil. Pero me hace sentir tan bien. Se sienta. Felicidad, aunque momentánea. No puedo evitarlo. No quiero evitarlo. Y no borra esa sonrisa. Este chico me pierde…




.

sábado, 16 de abril de 2011

El sol ha vuelto a salir

.

Como siempre se ha dicho, a la tormenta le precede la calma.
Una calma tensa, que produce intranquilidad. Una calma llena de pensamientos reprimidos, palabras no dichas, verdades ocultas…
Una calma que finalmente estalla de la forma más tonta posible, pero que una vez desencadenada es imposible contener.
Ya no puedes construir más barreras para frenarla. Se te han agotado todas. Ya usaste los rodeos para esquivar el tema, la distracción, las promesas vagas… Y ya no sirven.

Odio las tormentas.
La oscuridad que conllevan. El ruido que te impide oír tus propios pensamientos. El frío que consigue meterse tan dentro…
Y sobre todo el hecho de que llega un momento en que no sabes si de verdad sigue lloviendo, o lo que cae y te empapa de dolor son tus propias lágrimas.

Lo único bueno que tienen es que tarde o temprano acaban pasando.
Y después de la tormenta, poco a poco, llega la calma. Otro tipo de calma formada por alivio, avances, nuevas emociones,…

Pero aún queda lo mejor.
Y es que, de repente, un día te levantas y te das cuenta de que el sol ha vuelto a salir, trayéndote de vuelta tus ganas de reír, de soñar, de saltar, de hablar, de besar, de correr, de cantar, de abrazar, de sentir, de disfrutar…

Tus ganas de vivir.




. 

lunes, 11 de abril de 2011

Por fin

.

Cuando estoy triste, abatida, apagada, deprimida, en resumen, cuando las cosas van mal: escribo. Me tranquiliza, me ayuda, y después me siento mucho mejor.


Me encanta escribir, pero últimamente no siento esa necesidad. Y aunque me da pena no hacerlo, tengo que reconocer que por una parte me alegro.
 

Por fin no me siento tan mal como para tener que recurrir a ello.





.