Casi siempre es mucho peor todo lo que nuestra imaginación construye, que lo que en realidad pueda estar pasando.
Cuando no sabemos qué está ocurriendo, tendemos a
imaginar todos y cada uno de los peores escenarios posibles. Y a creérnoslos.
Nos inventamos terceras personas, pensamos en
conspiraciones a nuestras espaldas, creamos posibles engaños, complots
ficticios,…
Nos volvemos locos tratando de averiguar qué pasa,
pero no tenemos ni idea. Y mientras no sepamos nada nuestra mente irá
construyendo suposiciones, a cada cual más agónica e irreal. Nos escudaremos en
la posibilidad de que una de ellas sea correcta, de que esté pasando lo peor.
Sin embargo cuando no aguantemos más, soltemos todo
y por fin aparezca la verdad… Sorpresa. No era para tanto. Sí, es una mierda
igualmente, pero no tan grande. No tan exagerada como nuestra cabeza nos hizo
creer.
Se supone que de estas cosas se aprende, pero es
mentira.
La próxima vez que intuyamos que algo va mal y no
sepamos qué, nuestra imaginación volverá a crecerse y a inventar cuentos para
alimentar nuestra angustia.
Y sabremos que puede que sea esta vez cuando nos
muestre que, en el fondo, no está tan equivocada…
.