A veces sentimos tristeza al pensar en todos los momentos de los que nos hubiera gustado formar parte en la vida de alguien, pero que, ya sea por no haberle conocido aún o simplemente por no haber sido invitado a ellos, no hemos compartido.
Pero no es cuestión de añorar lo no vivido, sino de pensar en los momentos que sí hemos creado juntos, y en todos aquellos que aún quedan por suceder.
Pero no es cuestión de añorar lo no vivido, sino de pensar en los momentos que sí hemos creado juntos, y en todos aquellos que aún quedan por suceder.
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