A Estrada. Reencuentro tras un verano dispersos. Aunque alguno se nos pierde… Mapa de carreteras, algo bastante útil. Al final llegamos a la casa. Grande. Tantas habitaciones… y sola. De noche poker. Pierdo. Consecuencia: a la piscina en ropa interior. Y más juegos. Y bebida, risas, bailes… Hasta que decidimos que ya es hora de dormir. Pero parece que no voy a estar tan sola…
A la mañana siguiente estoy un poco aturdida. Pero contenta. Desayunamos todos. Y sé que este viaje me va a gustar. Y estoy decidida a disfrutarlo.
Playa tranquila. De vuelta, jacuzzi. Siesta… rojo. ¡Afú! Esta noche no va a ser divertida. De nuevo poker pero la cama me llama. Y aunque me despiertan, no estoy para juegos. Así que hoy toca dormir.
La tarde siguiente, Santiago bajo la lluvia. Los pies helados. Y una sospecha… Traman algo. Sí.
Una mantis. Agua y harina. Laxante en el agua de valencia…
Y para cuando intentamos vengarnos nos sale mal. Una maleta escondida, cuyo resultado es un ataque de asma tan creíble que casi me da algo. Llena de preocupación devuelvo la maleta, y lo que antes era un ataque de asma se convierte en ataque de risa. Pero aún hay más…
A grito de “¿Qué somos, leones o huevones? ¡Buenos de cojoneeeeees!” nos cae una lluvia blanca de polvo. Extintor. Capullos. Saltamos de la cama. Fuera Ana no está. De vuelta al caos a por ella. Picor de garganta. Capullos. Cama para tres. Agobiante así que hoy toca sofá.
Y al amanecer nuevas picaduras. Bichos inmundos…
Viaje desconcertante pero llegamos a la cascada… para ir al hospital. Mientras unos colocan dedos en posiciones imposibles, otros volvemos hacia el lugar de las escaladas increíbles, aunque preocupantes. Esa noche barbacoa. Espuma y puertas aporreadas. Conclusión: las habitaciones se convierten en trincheras, dejando algún que otro soldado perdido y desterrado.
Sale el sol. Todos dormidos. Cuando ya está en lo alto abrimos los ojos. Playa. Bichitos que saltan. ¡Puag! Más playa, rocas, boya, algas y churritos sin definir… ¡puag! Los pies machacados.
Y por desgracia llega la última noche. Revelaciones. Vestidos. Algo poco adecuado para pasar debajo de un futbolín… Y risas, juegos,… ¿Un pinchito? Y más risas. Y luego tranquilidad. El último sueño atrincherado.
Llega la mañana y a recoger. Zafarrancho de limpieza. Todo queda mejor que lo esperado. A los coches. Despedidas. Esto empieza a acabarse. Mi conductora prefe nos lleva a casa. Con el copiloto más estresante que he visto nunca. Canción buena, me desgañito cantando; canción mala, un sueñecito…
Finalmente en casa me doy cuenta de que el viaje ha terminado. Y de que quiero más.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Escribe aquí lo que sientes.