Suaves nubes de tranquilidad me mecen. El sueño va y viene en oleadas de un color tenue. La relajación invade mi cuerpo. Todo parece flotar…
Pero en este paisaje idílico se cuela un alarido. Un repentino despertar. Mi alrededor me resulta extraño por unos momentos. Desorientada y asustada. Y entonces aparece frente a mi. Aproximándose cada vez más. Veo que se acerca el final. Y un grito sale de dentro. Pero no sirve. Nada nos para. No lo suficiente. Pum, ya no hay luz. El tiempo desaparece. Hasta que vuelve de golpe. Bruma y ruido. Tengo que salir de aquí. Rápido, rápido… Veo el cielo azul. Estoy fuera. Toco y no me lo creo. Miro y sí, estoy.
Estoy, y eso es lo más importante.
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Cada vez que leas esto retrocederás a ese momento, un recuerdo que te va a acompañar para toda la vida.
ResponderEliminarTe dejo aquí lo del río que escribí en el twitter y no encontrabas jeje.
Te quiero mucho mucho!
Marta!!
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El río como la vida, en su curso alto no se arrastra sino salta, todas las rocas que intentaron frenarle acabaron siendo arrancadas, pero según avanza cada vez más lento tiende a seguir el camino sencillo. Aunque así sea la vida, y no quede mas remedio que adentrarse en el desconocido mar, consérvate como en el manantial, dulce y ansioso por avanzar.