Ya no queda casi rastro de aquella cicatriz.
A simple vista, lo único que se puede apreciar es este
contorno violeta que se deja ver cuando hace demasiado frío.
Sin embargo, eso sólo representa una
pequeña parte de la
verdadera marca.
Es la punta de mi particular iceberg.
Este que no me deja olvidar toda esta vulnerabilidad.
Pero
que también me recuerda que estoy.
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