Mucha
gente tiene un concepto distorsionado de lo que es el amor. No creo que sea yo
la rara, aunque a saber, pero para mí hay ciertas cosas que no son amor.
Que te traten
con odio desde luego que no es amor.
Que te
humillen y te desprecien no es amor.
Que te avergüencen
o se avergüencen de ti no es amor.
Que te
manipulen y se aprovechen de ti no es amor.
La
violencia, ya sea física o verbal, no es amor.
Y quien
no te ama no merece recibir amor a cambio. Porque ese amor acaba convirtiéndote
en un muñeco sin voluntad. En un trapo al que arrastran de un lado a otro. Anula
tu personalidad hasta que te sientes como la mayor mierda del mundo por querer
a alguien que te hace sentir que nunca serás suficiente, que jamás harás algo a
derechas, que no mereces nada bueno en la vida, que no deberías ni siquiera
existir.
Como ya
he dicho, la violencia, el odio, la humillación, el desprecio, la manipulación…
no son amor. No me valen excusas, no me valen miles de perdones. Cuando alguien
te hace la vida imposible, desde luego que no te ama. Por mucho que después se
deshaga en miles de disculpas y justificaciones, aunque jure que no volverá a
hacerlo. Cuando alguien te trata como a una mierda y te hace desear morirte,
desde luego que eso no es amor.
En ese
tipo de situaciones lo mejor es reflexionar, darse cuenta de que eso no va a cambiar,
y decir adiós. Un adiós definitivo, un adiós firme, un adiós sin vuelta atrás. Un
hola a una nueva vida, a nuevas experiencias, a nueva gente, nuevas emociones y una nueva felicidad.
Porque
todo adiós puede ser un nuevo hola.
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