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Sí, ya
sé que dije que a veces olvidar es bueno, que me alegro de poder prescindir de
ciertos recuerdos… Pero no
quiero que ocurra sin poder elegirlo, y desgraciadamente el olvido no siempre
se ciñe a nuestros deseos.
No puedo obligar a mi cabeza a recordar sólo lo que yo quiera, ni tampoco obligarla a que se acuerde de todos esos momentos cuando comiencen a difuminarse.
No quiero olvidar...
Quiero
poder recordar todos los momentos de felicidad.
También
todos los errores, puesto que de ellos he aprendido mucho.
Recordar
todos los besos dados y recibidos, todos los abrazos compartidos.
No
olvidar caricias, roces, sensaciones.
Recordar
hasta el mínimo momento que me haya hecho feliz a lo largo de la vida.
Guardar
para siempre todo aquello en mi memoria.
Recordarte
a ti.
A
ellos.
A mí.
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